Hay tiempo para todo

Los cambios son inevitables. Y quienes se resisten a ellos no podrán vivir más allá de sus propias fuerzas, al final se agotarán y perderán la batalla contra lo inevitable…los cambios.
Es que es una ley universal. Todo cambia. Es importante. Es necesario. Imaginémonos a una persona de 30 años con el cuerpo de un bebe de 1 día. Es ILÓGICO. De igual manera es ilógico querer hacer lo mismo siempre y esperar diferentes resultados y cuando de personas se trata es ilógico esperar diferentes reacciones tratándolas de la misma manera.
Es decir, no podemos tratar a dos personas de la misma manera y esperar que reaccionen igual.
Y esto es algo que los que ya somos padres de familia hemos aprendido. Con el primer hijo/hija experimentamos, nos equivocamos y hasta nos sobrepasamos en la corrección o en la alcahuetería.
Ya con el segundo vamos mejorando. Y no se diga del tercero, cuarto y quinto…etc.
Lo mismo con los líderes, no podemos liderar de la misma manera a todos. Hay que aprender a ser flexibles con unos y estrictos con otros. Debemos acoplarnos a los cambios que nos trae cada personalidad.
El no logar esto nos puede llevar al agotamiento emocional, ministerial y al final terminaremos tirando la toalla.
El problema es que los líderes creemos que son los otros los que tienen que acoplarse. Y según entiendo la Palabra, Jesús no trató a todos los discípulos de la misma manera. A Juan lo trataba diferente que a Pedro. Imaginémonos que hubiera pasado si Jesús le dice a Juan “apártate de mí Satanás”!
No pretendamos liderar igual siempre. Aprendamos de las estaciones. No siempre es invierno, o verano. Hay tiempo para todo. Y eso también aplica para el liderazgo.
Hay tiempo de predicar solo a los cristianos, y hay tiempo de predicarles a los no cristianos.
Hay tiempo de solo tocar música solemne, y hay tiempo de tocar rock.
Hay tiempo de usar ropa elegante (en la iglesia) y tiempo para usar ropa casual (en la iglesia).
Hay tiempo para todo….para TODO.

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